MR. KLEIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1976 Joseph Losey dirige Mr. Klein, producida por Alain Delon, que también la interpreta, obteniendo varios premios César, uno de ellos el de mejor película.

 

Tratando el tema de la suplantación de identidad, nos introduce en una historia oscura ambientada en la Francia de 1942, en una época en la que muchos judíos vendían sus obras de valor a bajo coste acuciados por la necesidad y ante el temor de ser deportados a los campos de concentración nazis.

 

Mr. Klein, Alain Delon, comercia con muchos judíos pagándoles poco dinero por sus cuadros u otros objetos y enriqueciéndose a su costa.

 

Y así comienza la película, con un Alain Delon guapo, elegante, frío, con una bata de estar por casa que denota su riqueza, con la amante en la cama esperándole, mientras él se niega a pagar 600 luises por un cuadro de un gentil hombre holandés que un judío le vende. Mr. Klein sólo le ofrece 300 ante la desesperación de ese hombre que lo heredó de sus abuelos. Al final la venta se hace por ese precio y el mismo Klein deja escribir el recibo al comprador. Cuando el judío se va de su casa, Klein encuentra en su puerta un periódico que no ha pedido y cree que es de su comprador, cosa que éste le niega enseñándole otro diario igual que lleva en la mano.

 

Es importante describir esta escena porque resulta ser la clave de la película. ¿Cómo ha llegado hasta Robert Klein ese periódico judío que él no ha solicitado? Nos encontramos ante la primera incógnita y ante la primera confusión de esta historia complicada y que se complica mucho más posteriormente

 

Mr. Klein descubre que otro Klein con otra dirección ha solicitado el periódico. Empezamos con la doble identidad

 

Alain Delon se pasa la película buscando a su otro yo (que es también buscado por la policía gala por sus actividades). Al principio la búsqueda es coherente, pausada, al final obsesiva, rayando en la locura.

 

Las tareas detectivescas de Robert Klein le llevarán a alquilar el piso que el otro Klein ha dejado, a buscar a una mujer que sale en una fotografía junto al impostor, a visitar un castillo dónde se encontrará con Jeanne Moreau, que también conoce a Klein, a recibir llamadas telefónicas, bueno, a confundirse con su alter ego, a creerse casi que él es el otro señor Klein

 

El abogado de Delon le consigue un pasaporte falso con otro nombre para darle una solución, una vía de salvación, pero para ese entonces Klein ya se confunde con el otro y se arrastra hasta el punto de terminar en el mismo tren de judíos deportados para encontrarse con su otro yo. Es entonces cuando vuelve a oír el regateo inicial de la película.

 

Mr. Klein se sacrifica hasta la muerte con tal de descubrir a su oponente. Quizá no hacía falta este desenlace para pagar sus “culpas”, su éxito económico a costa de los judíos, pero es como una condena que él mismo se impone sin ser totalmente consciente

 

Homenaje al pueblo judío y a la persecución de la que fue objeto, con El otro señor Klein Joseph Losey logra hacer una película desconcertante en su desarrollo y dramática en su final, con un acertado tratamiento sicológico del personaje principal, a lo que ayuda la gran interpretación de Alain Delon, siempre soberbio como Mr. Klein

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