CASABLANCA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Casablanca es un clásico sencillamente porque lo que en ella está en juego -ese puñado de valores de los que habla Koch- siempre interesa, y atrae, y emociona. Y si la historia del Rick’s Café Américain vino a convertirse en el paradigma del romanticismo, no es menos cierto que desde su alumbramiento allá en 1942 quedó también inventada una nueva terapia contra la desesperación, una medicina que conviene recetarse cuando perdemos algo de eso que podemos denominar confianza en la condición humana.

El argumento, mil veces conocido, narra mucho más que el reencuentro de dos amantes en el exilio bajo el sonido de las notas de un piano (“play it, Sam”). Rick e Ilsa sufren el shock emocional de contemplarse de nuevo tras su adiós en París, pero ese golpe -¿cruel?- del destino coincide con la efervescencia de un oasis -“vine aquí a tomar las aguas”, dice Bogie- donde hombres y mujeres buscan una improbable libertad, no únicamente política, sino personal. En realidad, Casablanca se convierte en territorio de redención, y el garito de Rick en refugio de los olvidados, en su primer peldaño hacia el paraíso. La atmósfera multiforme del local es tan rica como la amalgama de sus caracteres humanos: rateros, gendarmes, asesinos, contrabandistas, enamorados, ludópatas… Pero la esperanza es siempre la misma. Y hasta el anhelado viaje a Lisboa, cede todo su protagonismo a la propia espera, a una promesa configurada en actitudes de amor, odio, juego, cinismo, amistad, patriotismo -allons enfants de la patrie.-, recuerdo e hipocresía.

La película debe su existencia a Hal B. Wallis, reputado productor de la Warner. Los hermanos Julius y Philip Epstein se encargaron de escribir el guión a apartir de la obra de teatro “Everybody Comes to Rick’s”. Y lo bordaron. Su repertorio de diálogos rebosa de cuerpo y alma, de humor sutil y elegante. Y el tercer guionista, Howard Koch, introdujo en el protagonista su faceta de hombre duro y misterioso, con ese aire pesimista de escéptico en horas bajas. Max Steiner orquestó una música tomada de canciones populares, como la ya mítica As Time Goes By. Y todo lo combinó a la perfección el director Michael Curtiz, quien hizo de Casablanca un género cinematográfico en sí mismo, mezcla de drama, melodrama, comedia, romance, aventura y película de guerra.

Y, sin embargo, Casablanca es por encima de todo la portentosa pasión de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Sus primeros planos casi desprenden electricidad y las palabras “Here’s Looking at You, Kid!” se han convertido desde entonces en un talismán, en la fórmula mágica del amor eterno. Probemos también nosotros y digamos despacio, copa en mano, saboreando las sílabas: Va por ti, nena

Año de producción: 1942País: EE.UU.Dirección: Michael CurtizIntérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Claude Rains, Paul Henreid, Conrad Veidt, Sydney Greenstreet, Peter Lorre, Dooley Wilson, S.Z. Sakall, Madeleine LeBeau, Leonid Kinskey, Joy PageGuión: Julius J. Epstein, Philip G. Epstein, Howard KochMúsica: Max SteinerFotografía: Arthur EdesonDistribuye en DVD: WarnerDuración: 98 min.Público apropiado: JóvenesGénero: Drama, RománticoExtras DVD: Español e inglés mono. Documental: “You Must Remember This”. Tráiler.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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